martes, 20 de noviembre de 2012

LOS PRIMEROS INTENTOS POR DAR A LA EDUCACION DENTRO DEL PROYECTO NACIONAL REVOLUCIONARIO

Los primeros intentos por dar forma a la educación dentro del proyecto nacional revolucionario.



Durante el gobierno de Madero, Pani, el subsecretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, abre una encuesta nacional para recabar opiniones y orientar con ellas la revisión del decreto relativo a las escuelas rudimentarias. Sin embargo, todo se convierte en una especie de ponencia oficial, ya que se considera que dichas escuelas "imparten una enseñanza de carácter abstracto y rudimentario". Y como dificultades principales para su aplicación se advierten las siguientes: a) la heterogeneidad étnico-lingüística y la muy dispersa distribución de la población; b) las deficiencias mentales del conglomerado indígena; c) su escaso valor como plan de educación integral; d) la nociva acción que engendra predicar socialismos agrarios de tipo "orozquista o zapatista", y e) la estrechez del presupuesto.

Plaza fundación de la Gran Tenochtitlán y al fondo el Palacio Nacional, Cd de México.

En consecuencia se propone: a) modificar el decreto para excluir de él a los adultos; b) ampliar el plazo a dos años para disminuir "la pobreza pedagógica del programa"; c) enriquecer éste con nociones elementales de geografía e historia, dibujo y trabajos manuales; d) establecer la posibilidad de agregar el canto y las actividades tecnológicas; y e) la formación del personal docente mediante el establecimiento previo de escuelas normales regionales, así como de escuelas prácticas industriales o agrícolas. De esta manera, la encuesta nacional, transformada en ponencia, nos dice Mejía Zúñiga, expone claramente la política educativa y la filosofía social que sustenta el gobierno surgido de la transacción de Ciudad Juárez.

Sin embargo, por otro lado, despierta actitudes auténticamente revolucionarias, precisa ideas y conceptos educativos, y promueve el encauzamiento de una educación popular. Una de las respuestas más significativas fue la del profesor Gregorio Torres Quintero, la cual por su contenido científico -que descansa en la realidad social-, tiene un indiscutible valor para el trazo de la política educativa de la Revolución. Quintero sostiene que las escuelas rudimentarias nada tienen de raro ni de nuevo. Son algo más que escuelas de "leer y escribir y contar" de que tanto se ha hablado. No son un anacronismo pedagógico, son una extensión del sistema escolar que ya existe en los campos y que va a satisfacer una necesidad. Tienen todavía, en nuestro país de 78% de analfabetos, un gran papel que desempeñar.

En relación con la heterogeneidad étnico-lingüística, afirmaba: "Eso, en mi concepto, no es una dificultad. No es difícil enseñar a leer y escribir y, para el caso, lo mismo da enseñar a cien que a un millón de individuos. Tampoco es obstáculo la heterogeneidad de razas y de costumbres. Lo mismo da establecer una escuela para blancos que para negros…"

Y añade: "Los libros de lectura cuidadosamente escogidos y escrupulosamente preparados, pueden llevar lo necesario, en grado elemental, para la formación del mexicano y dar una explicación de los fenómenos naturales y sociales más importantes. La lengua, la lectura y la escritura son poderosos instrumentos educativos capaces de formar el alma y el corazón de los mexicanos".

De la encuesta Pani se derivó un enorme interés por la educación y en particular por la escuela nueva, impulsada entre otros por el profesor Rafael Ramírez, quien publicó su primer libro en 1915 con el título La educación industrial y en él señala: "Es preciso enfocar la escuela hacia amplios horizontes de la agricultura. La educación industrial es un grito de rebeldía, un acto de protesta contra esa educación que nos mata la voluntad, pervierte los ideales y agota la confianza."

Por otra parte, con un lenguaje sencillo expone los siguientes conceptos: "a) los oficios no son más que un medio para desarrollar la aptitud técnica; de ahí la idea de hacer en la escuela primaria un lugar, distinguidísimo lugar, a los trabajos manuales; b) la instrucción es un medio, no un fin, por lo cual la enseñanza debe de ser variada e impartirse mediante el contacto directo entre alumnos y maestros; c) en todo momento hay que poner en manos de los educandos los instrumentos útiles para producir, no como talismán para abrir las puertas a carreras hechas; d) toda adquisición intelectual. Así como progreso educativo correspondiente, implica que las nociones aprendidas sean confirmadas por los actos del discípulo; e) en las escuelas de todo tipo se debe educar primero; educar y adiestrar después, y educar y especializar al fin." (Ramírez, Obras Completas, FCE - SEP/ 80's, México, 1915, pp. 27).

Ramírez señala además que no hay que especializar en la escuela tan tempranamente a la juventud y añade: dediquémonos con ahínco a darles una sólida y amplia cultura técnica, pues siempre será más efectivo y determinante lo que el medio social imponga. Es necesario orientar la enseñanza científica de las escuelas en el sentido de las aplicaciones inmediatas a la agricultura, a la industria, al comercio y a las actividades manuales, pero siempre, y en todo caso, fundar toda enseñanza en métodos conducidos por orientadores profesionales".

Además de Cándido Aguilar en Veracruz, otro de los esfuerzos más significativos para la formación de la doctrina de la Revolución, en materia educativa, es sin duda el general Pascual Morales Molina, gobernador del Estado de México, quien en 1915 también dispone la creación de las escuelas del lugar, cuyo principal objetivo es perfeccionar las industrias, las artes y los oficios de creación mexicana a que se dedican los indígenas del lugar. El sólo nombre expresa toda una filosofía y una sociología educativas, pues se dirige a la población que dispersó la conquista y marginó la colonia, movilizó la Reforma, sometió a la dictadura y vitalizó a la Revolución.

Requiere que cada comunidad tenga una escuela de acuerdo con sus necesidades y características regionales, económicas, políticas y culturales, previamente estudiadas y jerárquicamente atendidas, para orientar y conducir la acción comunal hacia planes superiores de vida. La idea de estandarización, con moldes transnacionales, empieza a ceder el paso a la acción socializadora del potencial humano inmerso en toda comunidad.

La doctrina y los mecanismos son sencillos: se estudian las condiciones socioculturales predominantes en cada lugar en su vivir cotidiano y, con ese marco de referencia, se crea ahí la escuela capaz de movilizar las fuerzas internas y el potencial humano del lugar, para impulsar el desarrollo de la comunidad entera hacia mejores niveles de vida. Esa es la comunidad-escuela que la Revolución concibe para fortalecer la vida de los pueblos y evitar su desintegración, por lo cual se puede afirmar que con esos ingredientes empieza a tomar fuerza una escuela auténticamente mexicana.

Conviene destacar los esfuerzos de Salvador Alvarado en Yucatán que toman un cariz más radical en materia de educación y que son preconstitucionales.

Ahora bien, si las leyes preconstitucionales surgidas de manera relativamente anárquica en los diversos estados representan, sin embargo, algún avance en la consecución de la educación popular, la Constitución de 1917, que resume todas las inquietudes sociales, parece propiciar, por otra parte, lo que algunos consideran un retroceso en materia educativa.

El Congreso Constituyente, en su afán de liquidar las jefaturas políticas con las que la dictadura había atado la vida democrática, al depositar el control en manos de los gobernadores por ella designados, suprime la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes y crea el municipio libre, como aspiración suprema de organización política y administrativa en los estados, facultados para hacerse responsables de la educación local. Sin embargo, ni el municipio adquiere la libertad y autonomía administrativa a que aspira como "célula social de la democracia", ni la educación realmente se vigoriza, por el contrario se debilita y en muchos casos prácticamente desaparece, pues la lucha armada había desintegrado la vida municipal, el hambre había diezmado a la población y la penuria ancestral de los ayuntamientos impedían atender la educación elemental.

La federación, por su lado, queda impedida para llenar los inmensos vacíos de la estructura escolar en los estados y, "al prohibir la enseñanza de toda religión en los establecimientos particulares de educación, se limita a una parte del pueblo de la educación privada. Los resultados fueron graves, pues en la capital de la República sólo había ciento veintiocho escuelas elementales, que dejaban a veinticinco mil niños sin instrucción.

La Revolución toma forma institucional con Venustiano Carranza, pero parece detenerse frente a dos grandes problemas que exige inmediata solución: el agrario y el educativo. El problema agrario tropieza con murallas infranqueables porque se levantan sobre estructuras latifundistas y eclesiásticas tradicionales que el capitalismo extremo manipula con técnicas imperialistas para impedir su solución. El único camino abierto es, pues, el de la educación; de ahí que a la caída de Carranza, propiciada por el Plan de Agua Prieta, y tras el interinato de Adolfo de la Huerta, el gobierno de Álvaro Obregón restablezca la Secretaría de Educación Pública, que el Congreso Constituyente de Querétaro había suprimido. Esta dependencia se propone atender "el clamor público que pide la federalización de la enseñanza, reconociendo el fracaso de esa misma enseñanza, a causa de los sistemas que hoy nos rigen".

En concordancia con su cometido, la nueva Secretaría de Educación Pública concibe la educación como un servicio público y divide su acción en tres grandes ramas o departamentos: el escolar, el de bibliotecas y archivo, y el de bellas artes, cuyas tareas eran fundar escuelas especiales para la educación de los "indios" y las escuelas rurales en todo el territorio nacional, para educar especialmente en aquellos conocimientos de aplicación inmediata que perfeccionaran los trabajos manuales y las industrias de cada región; así como escuelas de educación primaria y superior en todas las ciudades de la República.

Se crea en es momento un cuerpo de agentes viajeros que recorren el país, para estudiar y dar a conocer las necesidades de las distintas regiones del territorio nacional y para organizar, de acuerdo con ellas, los servicios educativos. Y además de los consejos de educación: locales, estatales y federales, promueve la creación de un sistema que destine a la educación el presupuesto necesario, en especial para las escuelas elementales, secundarias, industriales y agrícolas y en último término las profesionales.

Esta política educativa se ajusta de mejor manera a las necesidades y aspiraciones del pueblo que se manifestó por la vía armada. Es por ello que la escuela rural empieza a fundir su acción con los de las comunidades, abandonadas durante siglos. "El fervor revolucionario se traslada de los campos de batalla al campo de la educación y de esta manera, el paisaje cultural de México se llena de tintes y destellos democráticos y populares, pues ha nacido, siguiendo el curso de su historia, la escuela rural de México como eje vertebral del sistema educativo nacional" (idem, p. 199).

Así, con la acción de los maestros viajeros o ambulantes, y la dirección de educadores como: Gregorio Torres Quintero, Rafael Ramírez, Enrique Corona, Ignacio Ramírez López, José María Bonilla, José Guadalupe Nájera y otros, bajo la coordinación de Moisés Sáenz, se conduce la educación desde abajo y desde arriba. Ellos son los que, con la ayuda de maestros improvisados y el apoyo e interés de las comunidades rurales, diseñan las rústicas pero vitales instituciones educativas, por ello no se puede atribuir esta obra a nadie en particular.

LA ESCUELA QUE SURGE DE LA REVOLUCION

La escuela que surge de la Revolución



Raúl Mejía Zúñiga, en su ensayo del mismo título, afirma que: "La educación de un pueblo cualquiera sólo puede valorarse mediante el estudio de los antecedentes que la conforman, y dentro del marco social en el que opera y desde el cual se proyecta hacia el futuro", (Solana et al. Historia de la Educación Pública en México, FCE, México, 1980, p. 183). Y continúa: "Los periodos aislados, aun los más significativos, sin la concatenación que los enlaza ni las relaciones de causa y efecto que los producen, son de poca utilidad para el estudioso, pues con frecuencia sólo sirven para justificar o exaltar los valores del presente que desembocan, por su propia naturaleza, en el campo de las especulaciones políticas que los marginan de la ciencia histórica".

Escultura de Benito Juárez, Palacio Nacional, Cd. de México

Los cambios más relevantes que registra la educación corresponden, generalmente, con las transformaciones sociales que emanan de las revoluciones que además ocurren en el ámbito de la ciencia y la tecnología, así como de las transformaciones en las estructuras económicas y políticas, esto es, en los ilimitados campos de la cultura. Ahora bien, cuando esta revolución en la educación se vincula con los cambios en otras instituciones sociales en que se apoya, tenemos resultados que se tornan imperecederos, explica Mejía Zúñiga (idem, p. 183).

Como antecedente importante tenemos a la escuela lancasteriana, que nació en el seno mismo del imperio iturbidista con una concepción diferente de educación. Tampoco podemos descartar o dejar de lado la dinámica administración de Valentín Gómez Farías, o del doctor Mora, quienes plasmaron en normas del derecho positivo la filosofía educativa de la naciente nación, en la época posindependentista, y que se manifestó a partir de la revolución de Ayutla, que se expresó jurídicamente en la Constitución Política de 1857.

Los eventos que siguen en la historia del siglo XIX, como son: la Reforma, la Constitución y la República restaurada, llegan a su consolidación con el evento de la caída del segundo imperio y el triunfo de los liberales de una generación formada en las aulas y madurada en las luchas internas y externas de ese México que se va configurando como Estado nacional moderno (idem, p. 184).

Sin embargo, agrega Mejía Zúñiga, aunque la educación queda jurídicamente bajo la potestad del Estado, dentro del marco del positivismo, México, como sabemos y ya lo hemos señalado, desemboca en una larga dictadura que "habrá de retardar los avances necesarios en la educación y sobre todo, que alcance a las mayorías analfabetas dentro del proyecto latifundista del porfirismo". México para ese entonces, a pesar de su orientación liberal, no cuenta con una economía sólida y un comercio fuerte, además de que su producción agrícola es sumamente rudimentaria. En el intento de integrarse al desarrollo capitalista y fundar una riqueza originaria, el porfiriato lleva al país a un acelerado proceso de acumulación y concentración de capitales, y de ese modo propicia mecanismos de explotación despiadada de la fuerza de trabajo, tanto de manera intensiva como extensiva, con lo que el latifundismo o régimen hacendario obstruye las rutas del progreso y deforma el desarrollo del país en el último tercio del siglo XIX.

Los censos de 1910 confirman lo anterior, pues revelan que de quince millones ciento sesenta mil habitantes, que no podemos decir ciudadanos, sólo sabían leer y escribir tres millones seiscientos cuarenta y cinco mil, esto es, el índice de analfabetismo era del 78%, al descuidarse las ingentes necesidades populares. Existían en ese momento seis millones de indígenas, de los cuales dos tercios mostraban incapacidad para aprender, y dos millones no hablaban castellano y, por lo tanto, no podían recibir la enseñanza en esa lengua (SEP y Bellas Artes. Informe, t. XVII, abril y mayo de 1911).

Por su parte, el positivismo como filosofía de la educación de sectores privilegiados de la sociedad, tiende básicamente a la formación de una clase dirigente capaz de consolidar el poder político, al pretender evitar el viejo modelo escolástico impulsado por el gobierno colonial y por la Iglesia; pero, por otro lado, se descuida la preparación de las nuevas generaciones, de todos los sectores populares, con lo que el país queda inerme frente al avance del imperialismo.

Así pues, mientras los congresos pedagógicos de 1882, 1889 y 1890-1891 organizan técnicamente la escuela primaria como agencia educativa del Estado y las 28 escuelas normales egresan un número considerable de maestros, además de que existe abundante literatura pedagógica, libros, folletos, periódicos especializados, etc., y son expedidas leyes en 1888, 1896 y 1908 dando forma jurídica a la política educativa de la dictadura, la escuela, de hecho, continúa como una institución aristocrática e individualista que funciona esencialmente en los centros urbanos y margina a las comunidades campesinas e indígenas, para quienes la educación se convierte en un bien inalcanzable.

También es cierto que hacia 1890 la teoría pedagógica había ya desplazado los métodos lancasterianos establecidos en 1822, y que las escuelas normales iniciaron el proceso de profesionalización de la enseñanza al sustituir al "gremio de las nobles artes de enseñar a leer, escribir y contar", y que las normas del derecho positivo que regían la educación rebasaban políticamente a las ordenanzas coloniales en la materia. Cierto también que la Ley de Educación, formulada por Joaquín Baranda en 1888, y reglamentada en 1892, estableció el carácter gratuito, obligatorio y laico de la educación primaria elemental y superior, y que la ley de 1908 postuló la educación nacional e integral como aspiración suprema. Y a pesar de todo y de la palabrería liberal con que se adornaba la dictadura, la ciencia y la técnica, así como la pujanza de nuestros poetas, sólo sirven para reflejar al exterior un falso brillo o engalanar las reuniones palaciegas de la aristocracia. México en la época porfiriana estaba infestado de pobreza (idem, p. 188).

Conviene destacar que si bien el nexo normativo de una sociedad constituida en Estado nacional es la ley, el nexo formativo es la educación, en la medida en que favorece la reproducción de la cultura y de los valores que el nuevo Estado pretende establecer como parte de su esencia y de su propia historia. Por ello será la educación como proyecto emanado de la revolución la que responderá a los fines de mantener incólumes los legados de soberanía, independencia y libertad alcanzados y a los que todo pueblo aspira. Será en este contexto donde la educación pública y su sistema coadyuven a la solución de los grandes problemas nacionales.

De este modo, cuando Madero lanza vigorosamente el Plan de San Luis, que anuncia la Revolución de 1910 y el Partido Liberal Mexicano, cimbra por otro lado los cimientos en que descansaban las estructuras sociales de la dictadura, con el apoyo de las masas populares, en el país se avizora otro panorama para las mayorías depauperadas. Es por ello que las limitadas reformas que Limantour propone para el campo resultan demasiado tardías, al chocar frontalmente con un movimiento revolucionario que ya no habría de detenerse. De la misma manera, los convenios de Ciudad Juárez, con los cuales la dictadura y algunos líderes revolucionarios pretenden pactar la perpetuación de la primera y la supresión de la segunda, se vuelven inoperantes frente a los campesinos en pie de lucha y con el fusil al hombro. Esas imágenes se multiplican rápidamente en el paisaje social de México.

Así, tanto el Plan de San Luis como el programa del Partido Liberal Mexicano han apuntado ya, aunque desde ángulos distintos y conducidos también por clases sociales divergentes, que los problemas fundamentales son: el de la tierra y el de la educación. El primero para hacer justicia a las clases sociales que trabajan y el segundo para integrar culturalmente a México.

Sin embargo, ni la dictadura en su etapa final ni la Revolución en la inicial pueden resolver de inmediato el problema agrario debido, en gran parte, a las fuerzas del exterior que manipulan a la burguesía nacional para impedirlo. El gobierno de transición de Francisco León de la Barra pretende abordar aisladamente, por el camino de la educación, la solución de los problemas nacionales. Toca, pues, al gobierno surgido de los convenios de Ciudad Juárez abrir un paréntesis que, en la historia de la educación en México, no se cierra todavía; es decir, el de la educación para todos, a pesar de los intentos de Solana en los ochenta.

De esta manera, con el decreto que se propone crear las escuelas rudimentarias para enseñar a leer y escribir, y las operaciones de cálculo más usuales, principalmente a los indígenas, la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes queda autorizada para establecer escuelas en cualquier parte de la República, donde el analfabetismo sea mayor. Y aunque dicho Decreto adopta un tono paternalista ante los pueblos indígenas, y les da comida y vestido a los más necesitados, con un presupuesto de 300 mil pesos anuales, las condiciones reales imposibilitan su realización.

Ahora bien, hay que tener en cuenta que de alguna manera el problema de la educación ha quedado planteado y, poco más tarde, a través de una encuesta pública que impulsa A. J. Pani, se orienta a la conciencia nacional y a los hombres del pueblo, convertidos en gobernadores y jefes militares, a abordar la solución de los problemas no solamente de la educación, sino también los agrarios, obreros y de justicia social que postula la Revolución mexicana (idem, pp. 188 y 189).

JOSE VASCONCELOS APORTES A LA EDUCACION

https://docs.google.com/file/d/0B-nZtvaikTfIOGJxQkVpclZDaVE/edit

jose vasconcelos apostol de la educacion.


José Vasconcelos.

Apóstol de la educación

 

Federico Lazarín Miranda

 

Introducción

 

El periodo 1920-1940, de “reconstrucción económica”

en México, vio pasar a seis presidentes de la República,1

quienes se distinguieron por dedicar la mayor parte del

gasto público a la administración. Para el efecto tomaron

como eje del crecimiento económico el modelo exportador

de materias primas agrícolas (alimentos de clima templado

y tropical básicamente) e industriales (petróleo, metales

preciosos e industriales), y pecuarios. Ello era una tarea

urgente pues al terminar la lucha armada algunos sectores de

la economía estaban en franca decadencia o incluso en paro

total. Sólo se salvaron de esta situación algunas manufacturas

(las textiles y del zapato por ejemplo) y la producción

petrolera, pero la agricultura estaba muy lastimada.

En el año de 1920 tras el derrocamiento de Venustiano

Carranza, tomó la presidencia, con carácter de interino,

Adolfo de la Huerta quién logró “restablecer la paz interna y

aún más, establecer condiciones que mejoraban la situación

que privó durante la administración carrancista”.2 De la

Huerta tuvo como tarea, entre otras, preparar las elecciones

presidenciales para dar un presidente constitucional

a México. En ese mismo año, Álvaro Obregón ganó las

elecciones.

Obregón ganó con el 95.78% de los votos dejando en

segundo lugar a Robles Domínguez, quien sólo recibió el

4.01% de los votos.3 Así las cosas, el denominado Grupo

Sonora se instauró en el poder y pronto echó a andar su proyecto

económico y político para el país, proyecto que tuvo

como sustento ideológico y legal a la Constitución Política

de los Estados Unidos Mexicanos del año de 1917.

El gobierno de Álvaro Obregón se inició en una situación

nada halagüeña, en lo económico se enfrentaba una crisis

producto de los problemas derivados no sólo de la guerra

interna (1910-1917), sino también del colapso económico

generado por la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Al

final de esta última se había gestado una recuperación y

crecimiento económicos en países como Francia, Alemania,

Austria, Checoslovaquia, Polonia, los Estados Unidos, Gran

Bretaña y el Japón, pero entre los años de 1921 y 1922 se dio

una “repentina y brusca contracción” en esas economías.4

Fue en este México posrevolucionario de reconstrucción

económica e institucional en el que José Vasconcelos Calderón

echó a andar el proyecto educativo de la revolución

mexicana. Hablar de José Vasconcelos es hablar de un

personaje controversial en la historia mexicana del siglo xx.

Militante constitucionalista, anti-reeleccionista, rector de la

Universidad de México, Secretario de Educación, líder del

movimiento estudiantil, filósofo, etc. Es decir, es hablar de

un hombre de múltiples facetas y de múltiples acciones.

En este artículo sólo me referiré a la faceta de constructor

del proyecto educativo nacional que, primero en la Universidad

Nacional y después en la Secretaría de Educación Pública,

plasmó toda una filosofía educativa que se mantuvo vigente

en esa dependencia federal durante todo el siglo xx.

Vasconcelos y la creación

de instituciones educativas

Al proclamarse el Plan de Agua Prieta en 1920, Vasconcelos

se alió con Álvaro Obregón para enfrentar a Carranza. Tras

la muerte de este último, el presidente interino Adolfo de la

Huerta le encargó el Departamento Universitario y de Bellas

Artes, cargo que incluía la rectoría de la Universidad Nacional

de México. Después fue rector de la Universidad Nacional

del 9 de junio de 1920 al 12 de octubre de 1921.

 

Su espíritu iberoamericano, expresado en su obra literaria,

también se observa en el escudo de la unm que la

unam ostenta hasta la fecha que fue propuesto al Consejo

Universitario, en abril de 1921, por el propio Vasconcelos

y en el que plasmó su ideal de que los mexicanos debían

fundir su propia patria con la gran patria hispanoamericana

como una nueva expresión sociocultural y étnica e incluso

racial. El lema que propuso para el escudo sigue estando

vigente en la Universidad Nacional: “Por mi Raza Hablará

el Espíritu”, además desde esta Institución echó a andar la

primera campaña nacional contra el analfabetismo.

En su discurso de toma de posesión de la rectoría de la

unm, Vasconcelos afirmó lo siguiente: “no vengo a trabajar

por la Universidad, sino a pedir a la Universidad que trabaje

por el pueblo”, estas palabras, muestran lo que fue su propósito

como Rector de la esa casa de estudios. Tras reorganizar

la estructura de la Universidad Nacional, Vasconcelos fue

nombrado Secretario de Educación Pública (sep).

El filósofo mexicano dio una interpretación propia

al artículo 3° constitucional para llevar a cabo las líneas

generales en materia de política educativa que planteaba

el propio artículo constitucional: laicidad, obligatoriedad

y gratuidad de la enseñanza impartida por el Estado.

La sep tendría alcance federal (es decir nacional) y

desde esa posición inició un ambicioso proyecto cultural

en el país entre los años de 1921 a 1924. Con José Vasconcelos

la educación adoptó tintes humanistas, es decir,

que el intelectual mexicano no pensaba que la instrucción

de la población se debería circunscribir a la enseñanza de

la lectura y la escritura, el civismo y la historia patria, sino

que además habría de dotar a los individuos de una cultura

más amplia; ello sería posible gracias a la instalación de

bibliotecas públicas en todo el país y a un amplio programa

de publicación de textos de literatos y científicos nacionales

y extranjeros.5

Vasconcelos propuso el proyecto de la sep al propio presidente

Obregón y negoció ante los diputados del Congreso

de la Unión y de las legislaturas locales de algunos estados

de la República, con los gobernadores de los estados y el

magisterio nacional la creación de esta Secretaría, que nació

con tres departamentos: el Escolar, que se encargaría de

impartir la instrucción primaria, normal, media superior y

superior; el de Bibliotecas, que serviría de apoyo al anterior

con un proyecto editorial de largo alcance de publicación

de obras de los clásicos de la literatura y filosofía nacional

y mundial, así como el establecimiento de bibliotecas

públicas. En este sentido Vasconcelos albergaba la idea de

que se fundara una biblioteca pública en cada municipio

del país; y el de Bellas Artes, encargado de difundir el arte

y la cultura.

De esta forma el filósofo mexicano pretendía ofrecer una

educación integral a todos los mexicanos: niños y adultos.

Así se crearon programas de instrucción popular, la edición

de libros y la promoción del arte y la cultura. Del mismo

modo, la campaña alfabetizadora que inició en la unm fue

llevada a la sep creando una Dirección y la puso a cargo

de Eulalia Guzmán. La estructura básica que Vasconcelos

dio a la sep sigue siendo la misma hoy en día, solo que ha

crecido de manera descomunal.

La visión de la educación de Vasconcelos

Entre 1921 y 1923 la educación en manos de José Vasconcelos

adquirió un sentido nacionalista y culturizante. Propuso

la lucha contra el analfabetismo, las escuelas rurales (o Casas

del Pueblo), la difusión de la lectura, el impulso a las artes,

el intercambio cultural con el extranjero y la investigación

científica, con todos estos elementos dio forma al nuevo

programa educativo para el país.

Nuestro personaje pretendía, con esas dependencias “…

transformar a las masas marginadas en grupos de individuos

productivos y creadores, (así) la población se integraría en

una unidad nacional libre y democrática”, para Vasconcelos

la educación consistía en “modelar a los hombres para una

función social”, de tal manera, que la educación no sólo era

culturizar a los pueblos, sino que consistía en prepararlos para

desarrollar una función dentro de la sociedad; con esa idea

pugnó por la “transformación de nuestras antiguas Escuelas

de Artes y Oficios en modernos institutos técnicos” antes

que crear una Universidad, así pretendía que la sep formara

mecánicos, técnicos industriales de todos géneros y todo tipo

de trabajadores que aplicaran la ciencia en la industria.

La educación para Vasconcelos no era sólo para el

habitante de las ciudades, sino también la enseñanza en el

campo era su preocupación; él pensaba que el indígena no

debía ser exterminado, ni recluido en reservaciones, sino

que debía ser integrado al desarrollo social, pues pensaba

que el campesino no era un ser falto de inteligencia o infrahumano:

“No concibo que exista diferencia alguna entre

el indio ignorante y el campesino francés ignorante o del

campesino inglés ignorante; tan pronto como unos y otros

son educados, se convierten en auxiliares de la vida civilizada

de sus países y contribuyen, cada uno en su medida

al mejoramiento del mundo”. Tres instituciones serían las

encargadas de la educación campesina:

a) La escuela rural que llevaría las primeras letras al medio

rural, es decir, se encargaría de llevar la campaña

de alfabetización que en las ciudades correspondía a

las escuelas primarias.

 

b) La escuela de la comunidad que llevó la tarea de

organizar a la comunidad alrededor de la actividad

económica predominante en cada región con el fin

de favorecer su desarrollo social, cultural y económico.

c) Las “misiones culturales” que buscaban el mejoramiento

profesional del maestro rural y el progreso

material de la comunidad.

Vasconcelos pugnó por crear una estructura educativa para

la gran mayoría, es decir, que abarcara a todas las capas

sociales, por eso fundó las escuelas primarias para el área

urbana, las rurales para el ámbito campesino.

Además, la educación de esas dos regiones, por medio

de escuelas técnicas propias a cada ámbito, proporcionaría

incentivos económicos para el pueblo en general y, al mismo

tiempo, se procuraría el progreso económico y cultural del

país. Pero no sólo se preocupaba por el nivel primario, él

pensaba “que la educación superior [debía] buscar impartir

conocimientos más aplicables a la vida práctica”; en este

sentido se opuso totalmente a las universidades que denominaba

de “tipo antiguo en las cuales se educaban poetas y

gramáticos, tipos sociales muy agradables, pero poco útiles”

y proponía que las universidades cultivaran “una ciencia

que” conquistara “el bien, no solamente el bien teórico, sino

el bienestar económico de todos los hombres”. Para logarlo

se impartirían “enseñanzas de carácter científico, práctico

y útil” que convertirían “a cada uno de” los alumnos “en

productores de riqueza, que” sustituyeran “a los profesionales

de antigua especie, que por lo común vivían para la

política o la burocracia, mientras que nuestros recursos

naturales quedaban vírgenes”.

También instrumentó una ideología educativa que

sustentaba dos objetivos fundamentales: el primero, pretendía

convertir al pueblo mexicano en un pueblo culto;

que supiera leer, que conociera las grandes obras de los

clásicos tanto mexicanos como extranjeros, que tuviera

un conocimiento general amplio, etc.; el segundo buscaba

lograr el mejoramiento económico de los habitantes del país

mediante la formación de escuelas técnicas y la enseñanza

de conocimientos prácticos.

José Vasconcelos fue un personaje carismático y capaz

de entusiasmar a sus colaboradores, hizo de los maestros

rurales un ejército de paz y de cada profesor, según su propia

metáfora de raíz católica, “apóstoles de la educación”. Al

trabajo de los maestros rurales sumó el apoyo de materiales

didácticos, nunca antes utilizados en México, que van desde

la edición masiva de algunas de las más grandes obras del

pensamiento europeo y occidental que fueron distribuidas

por todos los rincones del país. La radio y la cinematografía,

dos tecnologías de comunicación masiva que iniciaban

en aquellos años fueron ampliamente utilizadas en la sep.

Radio Educación es una de las estaciones más antiguas de

México y el mundo, o el proyecto de las Misiones Culturales,

inspirado en el trabajo de los misioneros del período colonial,

que se concentraron su trabajo en poblaciones menores

de 2,000, para “llevar cultura y progreso a sus habitantes”

y mejoramiento profesional a los maestros rurales, pues

muchos de estos últimos sólo habían estudiado hasta el

sexto año de primaria.

El maestro mexicano fue un integrador de distintos

proyectos educativos y supo conformar un equipo de trabajo

de primer nivel, así personajes como la propia Eulalia

Guzmán (campaña alfabetizadora), Rafael Ramírez (educación

rural), Miguel Bernard (educación técnica), la escritora

chilena Gabriela Mistral (educación técnica femenina),

Adolfo Best Maugard (dibujo), Carlos Pellicer Cámara

(poeta), entre otros, fueron los personajes que le ayudaron

a construir el aparato educativo para el país, además

de crear el ejército infantil, donde cada niño que supiera leer

y escribir iba a impartir estas enseñanzas a los adultos.

Además, inició un ambicioso programa de intercambio

educativo y cultural con otros países americanos, las llamadas

“embajadas culturales”, que llevaron a algunos de los

más brillantes estudiantes mexicanos de la época a entrar

en contacto a edad temprana con sus pares de Argentina,

Brasil, Colombia, Perú y otros países de América Latina.

También apoyó a multitud de artistas e intelectuales.

A algunos de ellos los convenció para que se establecieran

en México y –con ellos– “ideó nuevas fórmulas de expresión

artística, masiva, que a pesar de sus tintes políticos y

propagandísticos tienen valor estético”. Tal fue el caso de

muralistas como David Alfaro Siqueiros, José Clemente

Orozco y Diego Rivera. En el edificio de la sep, que se

levantó sobre las ruinas de un antiguo convento católico,

plasmó su ideal educativo al solicitar al propio Diego Rivera

que decorara los muros internos del inmueble con temas

alusivos a la educación posrevolucionaria, desde la primaria

rural y urbana hasta la superior pasando por la técnica.

Un aspecto importante de su proyecto educativo fue la

reconstrucción o construcción de edificios públicos para la

difusión de la cultura, como el Estadio Nacional, escuelas

públicas de diferentes niveles, bibliotecas y, de manera

más general, los edificios destinados a albergar el aparato

burocrático del sistema educativo a lo largo y ancho de la

nación.

Vasconcelos, sin embargo, encontró difícil conciliar su

condición como pensador independiente con las exigencias

de los cargos de gobierno que ejerció. Además, su relación

con Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles estuvo siempre

mediada por la desconfianza que le inspiraban los mexicanos

del norte de la república. Hábil para acuñar punzantes

metáforas, frases célebres o para ridiculizar a sus adversarios

en debates o en intercambios epistolares, en más de una

ocasión expresó, con un dejo de desdén, que en México

la civilización terminaba donde empezaba el consumo de

carne asada, en obvia referencia a las regiones del norte de

México, de donde provenían Obregón y Calles.

Es por eso por lo que, luego de un brillante inicio

como funcionario público, Vasconcelos decidió renunciar

a la cartera de Educación Pública, al conocer la noticia de

que Obregón había elegido a Calles como su sucesor en la

presidencia de la República, cargo al que se creía merecedor

el propio Vasconcelos, e incluso en las elecciones presidenciales

de 1929 contendió en contra del mismo Obregón

oponiéndose a la reelección de este último. Proceso electoral

del que salió decepcionado por el fraude orquestado por los

sonorenses, para dar la presidencia a Obregón, hecho que

motivó la movilización de los estudiantes universitarios,

que pronto fueron reprimidos por el gobierno de Calles

resultando un estudiante muerto, por lo que el filosofo

mexicano decidió autoexiliarse en los Estados Unidos.

Tiempo después regresó a México para dedicarse a satisfacer

su pasión por la escritura, el análisis filosófico y la polémica.

Además, tuvo una participación destacadísima en las luchas

por obtener la autonomía de la Universidad Nacional, al

lado de Manuel Gómez Morín y otros personajes destacados

de la década de los veinte.

Conclusiones

José Vasconcelos fue un personaje controversial, al estudiar

su vida encontramos que su participación política

fue de vaivenes. Apoyó a Francisco I. Madero, después a

la Convención, fue Secretario de Instrucción Pública de

Eulalio Gutiérrez durante el mes que duró su presidencia,

después se unió a las fuerzas de Álvaro Obregón. Pero

en 1924 rompió con “el Caudillo”, cuando éste último

decidió designar a Plutarco Elías Calles como su sucesor

en la presidencia de la República. Más tarde se presentó

como candidato en las elecciones presidenciales de 1929,

enfrentándose nuevamente a Obregón, se auto exilió cuando

uno de sus seguidores fue asesinado en las protestas que

generó el fraude electoral que dio el triunfo a Obregón. En

fin, fue un hombre que ayudó a forjar del sistema político

mexicano posrevolucionario, pero también fue un hombre

que enfrentó ese sistema.

Como pudimos observar a lo largo de este ensayo,

José Vasconcelos también fue un apóstol de la educación,

él dio vida a la sep y los proyectos educativos que ella se

encargaría de echar a andar. La sep, que a pesar de haber

crecido como lo hizo en el siglo xx, sigue conservando las

características básicas que le imprimió el filósofo mexicano,

en cuanto a su estructura y a la filosofía educativa, es

decir, la educación masiva de la población a través de una

dependencia de alcance federal. Para finalizar reproduciré

un fragmento del discurso que José Ingenieros dedicó a

nuestro personaje en el año de 1922, cuando Vasconcelos

visitó la Argentina y los escritores argentinos le ofrecieron

un banquete que describe muy bien al Vasconcelos “Apóstol

de la educación”:

Comprendiendo el sentido histórico de la hora en que le tocó

vivir, fue desde 1908 revolucionario; y por haberlo sido contra

el despotismo y contra el privilegio, posee hoy, desde el gobierno,

orientaciones firmes e ideales constructivos. Los grandes

hombres no suelen recoger migajas en los festines oficiales de los

opresores, sino alzan la voz contra todas las formas de opresión,

de la inmoralidad y de la injusticia. Porque fue revolucionario

Vasconcelos sabe hoy ser patriota, en esa noble significación

del patriotismo que consiste en honrar a la patria con obras

buenas y no explotarla con declamaciones malas. Porque fue

revolucionario tiene el vehemente deseo de acrecentar la justicia

en la sociedad, sin encadenar voluntades a ningún dogmatismo

de secta o de partido. En la dirección de la Preparatoria, en el

rectorado de la Universidad, en la federación de la enseñanza,

en la organización de las Bibliotecas Populares, y finalmente

en el Ministerio de Instrucción Pública, ha demostrado ser un

espíritu nuevo, uno d elos pocos espíritus incontaminados por

las pasiones malsanas que dejó la guerra europea, que pueden

contemplar la situación actual del mundo sin ateojeras germánicas

o aliadas.7

Notas

1 Álvaro, Obregón (1920-1924), Plutarco Elías Calles (1924-1928),

interino Emilio Portes Gil (1929-1930), Pascual Ortiz Rubio

(1930-1932), interino Abelardo L. Rodríguez (1931-1934) y Lázaro

Cárdenas (1934-1940).

2 Matute, Álvaro. Historia de la Revolución Mexicana, 1917-1924. La

carrera del caudillo. México, El Colegio de México, 1980, p. 185.

3 inegi. Estadísticas históricas de México. México, inegi/inah, 1988,

p. 291.

4 Aldcroft, Derek H.. Historia de la economía europea, 1914-1980.

Barcelona, Crítica, 1989 (184), p. 47.

5 sep. Memoria 1922, T. I.

6 Kay Vaughan, Mary. Estado, clases sociales y educación en México.

México, sep/fce (sep/80’s, 28), 1982, Antonio H Barbosa.

Maestros de México. México, 1973 y José Vasconcelos. Textos sobre

educación. México, sep/fce (sep/80’s, 8), 1981.

http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Vasconcelos_

Calder%C3%B3n#Ap.C3.B3stol_de_la_educaci.C3.B3n

7 unam. José Ingenieros. José Vasconcelos. México, unam (Latinoamérica.

Cuadernos de Cultura Latinoamericana, 74), 1979, p.7.

Federico Lazarín Miranda. Es profesor-investigador titular adscrito

al Departamento de Filosofía en la Unidad Iztapalapa de la uam.

Correos electrónicos: flm@xanum.uam.mx /lazarin24@terra.com.mx

LAS CARACTERÍSTICAS DE LAS POLÍTICAS EDUCATIVAS: LA PROPUESTA EDUCATIVA DE VASCONCELOS.

LAS CARACTERÍSTICAS DE LAS POLÍTICAS EDUCATIVAS: LA

PROPUESTA EDUCATIVA DE VASCONCELOS.


LA CAMPAÑA CONTRA EL ANALFABETISMO



Al mismo tiempo que Vasconcelos llevaba adelante la campaña política para crear la Secretaría de

Educación Pública, emprendió otra actividad importante: la cruzada contra el analfabetismo, iniciada en

junio 20 de 1920, apoyada con gran entusiasmo por maestros, pero sobre todo por maestras.

Las condiciones de la cruzada: crear un cuerpo de profesores honorarios de educación elemental, formato

por personas de ambos sexos que hubieran cursado como mínimo el tercer año de la primaria. La

Universidad abriría un registro en el cual se inscribirían todos los habitantes del país que reunieran las

condiciones establecidas en el párrafo anterior, y que desearan dedicarse a la enseñanza de la lectura y

escritura, de modo voluntario y gratuito. La Universidad otorgaría un diploma a favor del inscrito que lo

acreditaría como profesor numerario de educación elemental. Serían obligaciones de éste dar por lo menos

una clase semanaria de lectura y escritura a dos o más personas, ya en su propio domicilio, ya en cualquier

otro local donde fuere posible. Comenzarían sus clases hablando sobre el aseo y dando consejos

elementales sobre la higiene, la respiración, el alimento, el vestido, el ejercicio.

Los profesores honorarios llevarían a sus alumnos, una vez que lo estimaran conveniente, ante los

profesores e inspectores oficiales, a fin de que los examinaran y, en su caso, les expidieran certificado de

saber leer y escribir. El profesor honorario que hubiera presentado a examen con éxito a más de 100

alumnos, recibiría de la Universidad Nacional de México un diploma que certificara este hecho. Dicha

institución daría preferencia, para los empleos en todas sus dependencias, a las personas que acreditase

que habían enseñado a leer y escribir a más de 100 alumnos. En las demás dependencias del gobierno

federal y los estados, se daría preferencia a la solicitud de empleo a favor de las personas que hubieran

presentado este certificado.

Julián Carrillo, averiguó hasta qué grado los estados habían apreciado la importancia de la campaña contra

el analfabetismo, y notó con pena que la mayoría de los ciudadanos no había tomado en cuenta un asunto

de tamaña trascendencia.

Carrillo proponía a Vasconcelos: primero, dirigir una serie de oficios a todos los periódicos de la

República, con la invitación para hacer propaganda a favor de la campaña; segundo, comisionar a un

ciudadano en cada una de las manzanas de las ciudades, villas, aldeas y pueblos a fungir de director de

manzana, y así poder seleccionar a los profesores honorarios; tercero recomendar que los jefes de

manzana fueran los ciudadanos más caracterizados y que el gobernador mismo lo fuera de su respectiva

manzana; cuarto, extender nombramientos universitarios a todos los directores o jefes de manzana y

quinto autorizar que en cada manzana, cuando ya no hubiera más analfabetos, el jefe de la misma

levantara una bandera blanca.

Vasconcelos autorizó inmediatamente la realización del plan y se proponía, al mismo tiempo, fomentar el

sentimiento nacionalista.

Dos preocupaciones fundamentales de Vasconcelos saltan a la vista en este juramento: La búsqueda de


e-Educa, Cibercultura para la Educación AC


IDENTIDAD PROFESIONAL. LECTURA 8 2



unidad, antecedente necesario de la identidad nacional y la promesa de luchar sin descanso contra el

analfabetismo.

El universal (abril 14 de 1921) reportaba que en vista de las alarmantes condiciones de la instrucción en el

país, y ante el espectáculo de que el número de analfabetos crecía en vez de disminuir, se decidió a dar un

vigoroso impulso a la campaña contra la ignorancia. Se instalaron escuelas rudimentarias en la capital y en

las municipalidades y, en vista de la escasez de edificios, se contrató la construcción de 500 tiendas de

campaña, que se colocarían en todas las plazas, jardines y barrios populosos. En dichas tiendas se

establecerían las escuelas con muebles adecuados y sólidos, se instalaría alumbrado y se daría entrada a

todo el que quisiera aprender a leer y escribir.

A pesar de la escasa cosecha que levantó la cruzada de alfabetización (apenas hizo mella en el inmenso

número de analfabetos), la campaña cobró una resonancia especial, primero, por ser un ingenioso invento

para combatir la ignorancia; segundo por suscitar un cambio de actitud en muchos de los ciudadanos, al

interesarlos en los que no sabían nada, actitud contraria al espíritu individualista, distintivo del Porfiriato y

tercero por adoptar la solución gratuita de combatir la ignorancia por medio de los maestros honorarios.


DESAYUNOS ESCOLARES



Roberto Medellín, director entonces de educación técnica en el Distrito Federal, informó en abril de 1921

a Vasconcelos que, al visitar las escuelas, había observado a numerosos estudiantes con síntomas de

extrema debilidad por desnutrición, al grado de desmayarse por asistir a clase sin haber comido. Medellín

notaba que muchos niños de familias pobres, deseosos de educarse para mejorar su posición económica,

comían, de ordinario, sólo una vez al día. Era imposible, por tanto, que pudiesen prestar debida atención a

los cursos ni aprovechar la enseñanza en ninguna forma.

Vasconcelos que, a fuerza de auténtico revolucionario, se preocupaba por el bienestar de las masas, se

conmovió profundamente por la suerte de estos niños y empezó a pensar la forma de socorrerlos. Para

lograrlo convocó (abril 15 de 1921) al personal de la Universidad y a los maestros de las escuelas públicas

bajo su jurisdicción. Vasconcelos se propuso imitar el ejemplo del licenciado Ezequiel A. Chávez, quien,

durante el régimen maderista, lanzó la idea de servir desayunos escolares (Hernández Luna, 1981, pp. 99-

103; SEP, 1992, 1 (No. 1) (mayo) p. 111; 1923, 2 (Nos. 5 y 6) (segundo semestre de 1923 y primer

semestre de 1924), p. 136). Mas como el gobierno debía subvenir a un sinnúmero de necesidades urgentes,

el rector juzgó que la iniciativa privada era la indicada para resolver el problema. Y a fin de que el

departamento educativo de la nación precediera con el ejemplo, invitó a todo el personal a donar un

porcentaje adecuado de su sueldo para este programa.

La respuesta del personal fue en extremo generosa, y se procedió enseguida a hacer los descuentos

convenidos (El movimiento, 1922, pp. 379-383).

El rector sugirió al personal de la Universidad elegir una comisión para proyectar y administrar la

distribución de los desayunos escolares. Roberto Medellín, como presidente, y Elena Torres y Joaquín

Valcárcel, como miembros de la comisión de desayunos escolares, resultaron elegidos. Los desayunos

consistían de 300 gramos de café con leche y 80 gramos de pan. El programa se inauguró en la Escuela

Miguel Lerdo de Tejada, en mayo 9, con 50 alumnos pobres del establecimiento. En el curso del mes se

distribuyeron desayunos en otras instituciones y éstos llegaron a ser 10,000 con un costo total de $ 1,

701.48.

Vasconcelos había presentado su proyecto con la secreta esperanza de que una vez iniciado el servicio con

ayuda particular, las Cámaras se verían obligadas a continuarlo con un presupuesto adecuado. No se

equivocó, y la asignación de fondos federales permitió una notable expansión del programa que llegó a


distribuir 20,000 desayunos en 1922. Las instituciones favorecidas eran varias decenas de la capital y

aledaños (SEP, 1922, 1 (No. 3) (enero) p. 497).

La distribución de los desayunos escolares reveló a Vasconcelos y a sus colaboradores el extremo de

pobreza de muchos niños. Algunas familias residentes en Ixtapalapa e Ixtacalco substituían con raíces de

cebolla, zanahorias descompuestas y desperdicios por el estilo (Excélsior, enero 18 de 1922).

Prácticas reprobables empezaron a manifestarse entre los favorecidos con los desayunos escolares.

Algunos de los chicos robaban a sus compañeros las raciones, otros derramaban la leche y el café en las

mesas y se metían en la boca enormes trozos de pan. Los miembros de la comisión y los ayudantes de las

respectivas escuelas, al observar esta conducta y la falta de limpieza de los estudiantes, empezaron a

instruirlos en prácticas higiénicas y en buenas maneras.

Se presentó también otro tipo de problemas: algunos niños de la Escuela Francisco I. Madero, donde 576

de los 700 estudiantes recibían el desayuno escolar, se avergonzaban de aceptarlo. Los encargados de

distribuir los desayunos manifestaron a aquellos que la pobreza de sus padres no era motivo de vergüenza.

Por otra parte, se les dio a los niños oportunidad de ganarse el alimento con su ayuda en tareas de limpieza

de la escuela y cultivo del jardín contiguo.

En medio de este ambiente de generosidad, no faltó una minoría insignificante de maestros opuestos a

donar parte de su sueldo para este servicio, como la hacía la mayoría de los maestros. Tales individuos

cicateros decían a los niños pobres: “Deberían avergonzarse de tomar este desayuno, comprado con el

dinero del pan de los hijos de los maestros”. La comisión recomendó a estos maestros, por sugerencia de

Vasconcelos, que no regañaran a los niños en forma tan injusta. La práctica cesó al poco tiempo.

Las observaciones de la comisión y los informes de los encargados revelaron que la distribución de

desayunos escolares beneficiaba académica, social y físicamente a los alumnos pobres. Podían prestar

mejor atención a sus estudios, asistían más regularmente a clases y empleaban maneras corteses junto con de aceptable limpieza.