La historia de la educación en México nos demuestra que la educación ha tenido épocas en las que ha alcanzado un mayor desarrollo. A partir de 1905 que Justo Sierra fue nombrado titular de la entonces Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, impulsó la educación primaria con carácter nacional, integral, laica y gratuita. A él se debe el establecimiento del primer sistema de educación pública en México y el cambio del concepto de instrucción por el de educación. De 1921 a 1924 José Vasconcelos impulsó la escuela rural, la educación de adultos y la creación de bibliotecas públicas. De 1943 a 1946 Jaime Torres Bodet reorganizó y dio nuevo impulso a la campaña de alfabetización, creó el Instituto de Capacitación del Magisterio, organizó la Comisión Revisora de Planes y Programas, inició la Biblioteca Enciclopédica Popular, construyó numerosas instituciones educativas, entre ellas la Escuela Normal para Maestros y la Escuela Normal Superior. De 1958 a 1964 cuando ocupó por segunda vez el cargo de secretario de Educación Pública, inició un Plan de Once Años para resolver el problema de la educación primaria en el país y fundó la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos.
En lo que respecta a la formación de profesores y los procesos para mejorar su calidad, el mismo Torres Bodet, había planteado desde 1944 la necesidad de mejorar los planes de estudio. En este sentido, en la Convención de Saltillo, Coahuila celebrada el 23 de abril de 1944 expresó: ¿Cómo ignorar el hecho de que, en la formación de nuestros maestros, no existiera el tránsito señalado, para otras profesiones, por la enseñanza preparatoria? Semejante falta de transición constituía un error pedagógico incuestionable, ya que la determinación prematura de una vocación como la del educador es un riesgo para la sociedad, pues perjudica a los alumnos y también a los profesores.(SECRETARIA DE EDUCACIÓN PÚBLICA; 1984:16). No obstante, Torres Bodet reconoció que ese planteamiento vendría a reducir la matrícula en las escuelas normales y sin embargo, esta idea quedó latente y en 1969 ante la imposibilidad de establecer el bachillerato en la carrera de profesor de educación primaria, se aumentó un año de estudio, de tres a cuatro. A partir de 1972, con el fin de capacitar a los profesores para continuar estudios en otros niveles, a los egresados se les otorgaba, junto con el título de Profesor de educación primaria, el certificado de bachillerato. Fue hasta 1984 cuando se estableció oficialmente el bachillerato como requisito para ingresar a las escuelas normales. Desde la década de los setentas la política económica de nuestro país y de todos los países pobres, ha estado orientada a conseguir tasas más elevadas de producción, con el supuesto objetivo de dar mejor atención a los desposeídos, sin que esa política haya rendido los frutos anunciados. En este marco, el gobierno mexicano se propuso formar técnicos y en este sentido, la apertura de nuevos centros de producción se ha convertido en una carrera agónica en la que sucumben las esperanzas de los indigentes y se cristalizan las ganancias de los pudientes.(MERANI; 1980: 11). En la década de los setentas se instalaron las instituciones tecnológicas desde el nivel básico hasta el superior, como fue el caso de las Escuelas Tecnológicas Agropecuarias (ETAs), en las cuales se puso en marcha el método de aprender haciendo. El propósito era que el joven, al egresar de esta escuela estuviera en condiciones de incorporarse al mercado de trabajo, generando su propio empleo o continuar estudiando preferentemente en los Centros de Educación Tecnológica Agropecuaria (CETAs). Como complemento de todo lo anterior, en el nivel superior se incrementó el número de Institutos Tecnológicos Regionales. En el caso específico de la formación de profesores también imperó esa visión de formar técnicos para la enseñanza y fue así como los programas de las escuelas normales se sustentaron con los aportes teóricos de la Tecnología educativa que se venía construyendo en Estados Unidos como producto de la industrialización. Actualmente, los acelerados cambios en la economía mundial han conducido al mundo a un proceso globalizador que ha obligado al gobierno mexicano a sujetarse a los requerimientos de los mercados mundiales y a las decisiones de los organismos internacionales que definen el rumbo educativo mundial. Así las escuelas normales han entrado a un proceso de reforma propiciada por organismos internacionales (OCDE, FMI, BM, OMC). Estas escuelas se convierten paulatinamente en el mejor lugar de capacitación de los profesores de educación básica, para ajustarlos al modo de funcionamiento de la sociedad capitalista. En estas instituciones se está instruyendo a los profesores para reproducir el currículum oficial. La escuela normal es el espacio institucional creado para aprender a ser maestro, para adquirir las competencias necesarias para reproducir en los niños y jóvenes los conocimientos y saberes que se encuentran organizados en el currículum. Es importante considerar que estos conocimientos no se dan en el vacío, sino dentro de modelos amplios de poder y control social, en este caso, se dan en el marco de la globalización económica. El modelo de práctica docente de las escuelas normales es el mismo de la escuela primaria; se reproduce en la primaria, pues la educación básica y normal forman parte del mismo paradigma de la modernidad en la cual los valores de los profesores son la eficacia, la productividad, la calidad y la competitividad |
martes, 27 de noviembre de 2012
jaime torres bodet aportaciones a la educacion en mexico
campaña de alfetizacion, escuelas normales, organizacion de la comision revisora, entre otras
Junto con Justo Sierra y José Vasconcelos fue uno de los secretarios de Educación que más huella dejaron en el siglo XX. En la administración del presidente Manuel Ávila Camacho, entre 1943 y 1946, Torres Bodet inició la Campaña de Alfabetización, en la que se enseñaba a leer y a escribir a los adultos analfabetos; en ese entonces el 47.8% de la población mayor de seis años era analfabeta. Consiguió que se aprobara una ley que imponía la obligación moral de enseñar a un analfabeto, a todo mexicano de entre 16 y 40 años de edad que supiese leer y escribir. “El que sabe, sabe. Y el que tiene la fortuna de saber, tiene el deber de enseñar”, difundía la radio de la época.
En 1946 fue el redactor del texto del Artículo Tercero Constitucional que suprimió la educación socialista establecida durante el gobierno de Cárdenas en 1934. La nueva orientación, aun vigente, fue nacionalista y democrática, a tono con las tendencias en boga en los organismos internacionales al término de la Segunda Guerra Mundial, especialmente en la Conferencia sobre Educación y Cultura que se reunió en Londres. Sólo el apartado VII, relativo a que “toda educación que el Estado imparta será gratuita”, fue agregado por Vicente Lombardo Toledano, líder de izquierda, como condición para aceptar la reforma constitucional.
Además, organizó la Comisión Revisora y Coordinadora de Planes Educativos, Programas de Estudio y Textos Escolares, que introdujo un enfoque globalizador a través de unidades de trabajo y nuevos planes y programas de primaria.
También acrecentó el número de Escuelas Normales y creó en 1945 el Primer Instituto de Capacitación para el Magisterio, en el que se preparaba a los profesores de primaria no titulados Paralelamente, fundó el Comité de Administración del Programa Federal de Construcciones Escolares, CAPFCE, para encargarse de la multiplicación de locales escolares en toda la República.
Inauguró los nuevos planteles de la Escuela Normal, del Conservatorio Nacional de Música y de la Normal Superior. Asimismo, puso en marcha la Biblioteca de México.
Por otra parte, comenzó la edición de la Biblioteca Enciclopédica Popular que publicó más de cien títulos y la obra México en la Cultura.
La segunda ocasión en la que ocupó la secretaría de Educación Pública fue durante la presidencia de Adolfo López Mateos entre 1958-1964. En este periodo, Torres Bodet formuló el Plan de Once Años para estar en posibilidad de atender por completo la demanda real de educación primaria, o sea, la de los niños que solicitaran el servicio de enseñanza primaria. Otros objetivos del plan fueron aumentar las oportunidades de inscripción para los niños que nunca habían ingresado a una escuela, así como completar todos los grados en las escuelas primarias que no los tuvieran, especialmente en el medio rural. En el periodo 1959-1970 el plan se propuso crear 51 mil nuevas plazas de profesor y construir 29,265 aulas. “Demos a la niñez de nuestro pueblo las aulas y los maestros que necesita. Será la mejor manera de dar un alma –lúcida y vigilante- al progreso de la nación”. A pesar de sus errores de estimación, el plan tuvo éxito y expandió la enseñanza primaria en la década de los sesenta.
Además, creó el Consejo Nacional Técnico de la Educación para revisar y actualizar los planes y programas de estudio de la educación primaria. Fue entonces cuando propuso la creación del libro de texto gratuito para cumplir con el mandato de una educación primaria, obligatoria y gratuita. “Hablábamos de educación primaria, gratuita y obligatoria. Pero al mismo tiempo exigíamos que los escolares adquiriesen libros -muchas veces mediocres- y a precios, cada año, más elevados”. Al efecto, el 12 de febrero de 1959 se creó la Comisión Nacional de los Libros de Texto Gratuitos. Así, el 16 de enero de 1960, en el municipio de El Saucito, San Luis Potosí, en la escuela rural Cuauhtémoc, 62 alumnos de primer año recibieron de manos del secretario Torres Bodet los primeros libros gratuitos que entregaba el Estado mexicano con las siguientes palabras: "Estos son un regalo del pueblo de México para el pueblo de México".
La reacción de los intereses afectados fue muy violenta. “Pero no habría ya en nuestro país, en lo sucesivo, niño que careciese (si asistía a un plantel primario) del material de lectura que todo estudio requiere. Recordé un retrato conmovedor: el de una niña que sostenía, entre sus frágiles dedos, un libro del primer grado. Sus ojos vivaces y sonrientes, parecían prometer a quien los veía la realización de una hermosa esperanza libre. La Patria, representada en la primera página de su texto, le infundiría valor para persistir.
Torres Bodet tuvo que resistir las críticas del clero católico, de los libreros que veían afectados sus intereses económicos, de la Barra Mexicana de Abogados y del Partido Acción Nacional, los cuales organizaron campañas y protestas porque según ellos los nuevos libros negaban el derecho "natural" de los padres a educar a sus hijos, eran antidemocráticos porque presentaban como única la verdad oficial y antipedagógicos, pues reducían al maestro a mero repetidor de lecciones.
No se dio un paso atrás. Ya calmados los ánimos, Torres Bodet pudo escribir con satisfacción: Aunque han pasado los años, los libros gratuitos siguen distribuyéndose. No me hago, a este respecto, ilusión alguna. Lo sé muy bien: quienes reciben esos volúmenes ignoran hasta el nombre del funcionario que concibió la idea de que el gobierno se los donase. No obstante, cuando- al pasar por la calle de alguna ciudad de México- encuentro a un niño, con su libro de texto bajo el brazo, siento que algo mío va caminando con él. Y reitero mi gratitud para el gran Presidente humano, sin cuya comprensión no hubiese podido nunca llevar a cabo- según comentó Ertze Garamendi, en un artículo que no olvido- lo que definió Göethe como la dicha mejor del hombre: realizar, en la madurez, un sueño de juventud.
Por otro lado, Torres Bodet continuó su afán alfabetizador iniciado en los cuarenta, mediante un sistema nacional de patronatos que pudo reducir en más del 10% la población analfabeta.
Además, instaló los primeros 30 centros de Capacitación para el Trabajo Industrial y mandó construir los edificios de la galería “La Lucha del Pueblo Mexicano por su Libertad” y los museos Nacional de Antropología y de Arte Moderno.
Destaca también su labor al frente del Consejo de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), cargo que desempeñó entre 1948 y 1952, cuando renunció debido a una disminución del presupuesto para la institución: ¿cómo creer en administraciones que me pedían acción, que se congratulaban de la concentración de nuestro programa, pero se rehusaban a proporcionarme los medios materiales para ejecutarlo, mientras derrochaban gigantescos caudales en armamentos? Mi renuncia, hasta cierto punto, sirvió de alerta…Mientras no se construya una paz auténtica, sobre la base de una creciente confianza en los valores de la cultura, en el respeto de la justicia y en el de los derechos del hombre, cada conciencia libre continuará sintiendo a su alrededor, como lo digo en mi libro, lo que yo sentí muy frecuentemente a lo largo de aquel periodo de mi vida: la angustia de estar clamando en mitad de un desierto inmenso: el más poblado y oscuro de los desiertos, el desierto internacional.
Durante su trayectoria ganó varias distinciones: en 1953 ingresó como miembro titular del Colegio Nacional; también perteneció a la Academia Mexicana de la Lengua y a la Academia del Mundo Latino. En Francia se le concedieron la medalla de la Academia Francesa y la membrecía de la Academia de Bellas Artes del Instituto de Francia. Recibió también el grado de Doctor Honoris Causa por parte de once universidades nacionales y extranjeras. Ganó el Premio Nacional de Letras en 1966.
Cometió suicidó en la ciudad de México el 13 de mayo de 1974. Según el diario El Universal dejó el siguiente recado: “Ha llegado el momento en el cual no puedo fingir, a causa de mis enfermedades, que sigo viviendo, en espera, día a día, de la muerte. Prefiero ir a su encuentro y hacerlo oportunamente. No quiero ser molesto ni inspirar piedad a nadie. He cumplido mi deber hasta el último momento.”
Sin embargo, cuenta Elena Poniatowska que se disparó un balazo en la sien frente a su escritorio; que no dejó recado; “que en su desesperación, intentó una carta a sus amigos o a México o a la posteridad o a la historia, y como no le salió dejó regados en torno a su escritorio alrededor de diez o veinte bolitas de papel arrugado”.
Su esposa señaló: “Fue un perfeccionista. Quería que su cuerpo, lo mismo que su mente, funcionara perfectamente. ..Había terminado el último volumen de sus Memorias cuatro días antes. Quería dejar la vida cuando todavía era un hombre entero. Decidió terminar su vida junto con su obra”.
En 1946 fue el redactor del texto del Artículo Tercero Constitucional que suprimió la educación socialista establecida durante el gobierno de Cárdenas en 1934. La nueva orientación, aun vigente, fue nacionalista y democrática, a tono con las tendencias en boga en los organismos internacionales al término de la Segunda Guerra Mundial, especialmente en la Conferencia sobre Educación y Cultura que se reunió en Londres. Sólo el apartado VII, relativo a que “toda educación que el Estado imparta será gratuita”, fue agregado por Vicente Lombardo Toledano, líder de izquierda, como condición para aceptar la reforma constitucional.
Además, organizó la Comisión Revisora y Coordinadora de Planes Educativos, Programas de Estudio y Textos Escolares, que introdujo un enfoque globalizador a través de unidades de trabajo y nuevos planes y programas de primaria.
También acrecentó el número de Escuelas Normales y creó en 1945 el Primer Instituto de Capacitación para el Magisterio, en el que se preparaba a los profesores de primaria no titulados Paralelamente, fundó el Comité de Administración del Programa Federal de Construcciones Escolares, CAPFCE, para encargarse de la multiplicación de locales escolares en toda la República.
Inauguró los nuevos planteles de la Escuela Normal, del Conservatorio Nacional de Música y de la Normal Superior. Asimismo, puso en marcha la Biblioteca de México.
Por otra parte, comenzó la edición de la Biblioteca Enciclopédica Popular que publicó más de cien títulos y la obra México en la Cultura.
La segunda ocasión en la que ocupó la secretaría de Educación Pública fue durante la presidencia de Adolfo López Mateos entre 1958-1964. En este periodo, Torres Bodet formuló el Plan de Once Años para estar en posibilidad de atender por completo la demanda real de educación primaria, o sea, la de los niños que solicitaran el servicio de enseñanza primaria. Otros objetivos del plan fueron aumentar las oportunidades de inscripción para los niños que nunca habían ingresado a una escuela, así como completar todos los grados en las escuelas primarias que no los tuvieran, especialmente en el medio rural. En el periodo 1959-1970 el plan se propuso crear 51 mil nuevas plazas de profesor y construir 29,265 aulas. “Demos a la niñez de nuestro pueblo las aulas y los maestros que necesita. Será la mejor manera de dar un alma –lúcida y vigilante- al progreso de la nación”. A pesar de sus errores de estimación, el plan tuvo éxito y expandió la enseñanza primaria en la década de los sesenta.
Además, creó el Consejo Nacional Técnico de la Educación para revisar y actualizar los planes y programas de estudio de la educación primaria. Fue entonces cuando propuso la creación del libro de texto gratuito para cumplir con el mandato de una educación primaria, obligatoria y gratuita. “Hablábamos de educación primaria, gratuita y obligatoria. Pero al mismo tiempo exigíamos que los escolares adquiriesen libros -muchas veces mediocres- y a precios, cada año, más elevados”. Al efecto, el 12 de febrero de 1959 se creó la Comisión Nacional de los Libros de Texto Gratuitos. Así, el 16 de enero de 1960, en el municipio de El Saucito, San Luis Potosí, en la escuela rural Cuauhtémoc, 62 alumnos de primer año recibieron de manos del secretario Torres Bodet los primeros libros gratuitos que entregaba el Estado mexicano con las siguientes palabras: "Estos son un regalo del pueblo de México para el pueblo de México".
La reacción de los intereses afectados fue muy violenta. “Pero no habría ya en nuestro país, en lo sucesivo, niño que careciese (si asistía a un plantel primario) del material de lectura que todo estudio requiere. Recordé un retrato conmovedor: el de una niña que sostenía, entre sus frágiles dedos, un libro del primer grado. Sus ojos vivaces y sonrientes, parecían prometer a quien los veía la realización de una hermosa esperanza libre. La Patria, representada en la primera página de su texto, le infundiría valor para persistir.
Torres Bodet tuvo que resistir las críticas del clero católico, de los libreros que veían afectados sus intereses económicos, de la Barra Mexicana de Abogados y del Partido Acción Nacional, los cuales organizaron campañas y protestas porque según ellos los nuevos libros negaban el derecho "natural" de los padres a educar a sus hijos, eran antidemocráticos porque presentaban como única la verdad oficial y antipedagógicos, pues reducían al maestro a mero repetidor de lecciones.
No se dio un paso atrás. Ya calmados los ánimos, Torres Bodet pudo escribir con satisfacción: Aunque han pasado los años, los libros gratuitos siguen distribuyéndose. No me hago, a este respecto, ilusión alguna. Lo sé muy bien: quienes reciben esos volúmenes ignoran hasta el nombre del funcionario que concibió la idea de que el gobierno se los donase. No obstante, cuando- al pasar por la calle de alguna ciudad de México- encuentro a un niño, con su libro de texto bajo el brazo, siento que algo mío va caminando con él. Y reitero mi gratitud para el gran Presidente humano, sin cuya comprensión no hubiese podido nunca llevar a cabo- según comentó Ertze Garamendi, en un artículo que no olvido- lo que definió Göethe como la dicha mejor del hombre: realizar, en la madurez, un sueño de juventud.
Por otro lado, Torres Bodet continuó su afán alfabetizador iniciado en los cuarenta, mediante un sistema nacional de patronatos que pudo reducir en más del 10% la población analfabeta.
Además, instaló los primeros 30 centros de Capacitación para el Trabajo Industrial y mandó construir los edificios de la galería “La Lucha del Pueblo Mexicano por su Libertad” y los museos Nacional de Antropología y de Arte Moderno.
Destaca también su labor al frente del Consejo de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), cargo que desempeñó entre 1948 y 1952, cuando renunció debido a una disminución del presupuesto para la institución: ¿cómo creer en administraciones que me pedían acción, que se congratulaban de la concentración de nuestro programa, pero se rehusaban a proporcionarme los medios materiales para ejecutarlo, mientras derrochaban gigantescos caudales en armamentos? Mi renuncia, hasta cierto punto, sirvió de alerta…Mientras no se construya una paz auténtica, sobre la base de una creciente confianza en los valores de la cultura, en el respeto de la justicia y en el de los derechos del hombre, cada conciencia libre continuará sintiendo a su alrededor, como lo digo en mi libro, lo que yo sentí muy frecuentemente a lo largo de aquel periodo de mi vida: la angustia de estar clamando en mitad de un desierto inmenso: el más poblado y oscuro de los desiertos, el desierto internacional.
Durante su trayectoria ganó varias distinciones: en 1953 ingresó como miembro titular del Colegio Nacional; también perteneció a la Academia Mexicana de la Lengua y a la Academia del Mundo Latino. En Francia se le concedieron la medalla de la Academia Francesa y la membrecía de la Academia de Bellas Artes del Instituto de Francia. Recibió también el grado de Doctor Honoris Causa por parte de once universidades nacionales y extranjeras. Ganó el Premio Nacional de Letras en 1966.
Cometió suicidó en la ciudad de México el 13 de mayo de 1974. Según el diario El Universal dejó el siguiente recado: “Ha llegado el momento en el cual no puedo fingir, a causa de mis enfermedades, que sigo viviendo, en espera, día a día, de la muerte. Prefiero ir a su encuentro y hacerlo oportunamente. No quiero ser molesto ni inspirar piedad a nadie. He cumplido mi deber hasta el último momento.”
Sin embargo, cuenta Elena Poniatowska que se disparó un balazo en la sien frente a su escritorio; que no dejó recado; “que en su desesperación, intentó una carta a sus amigos o a México o a la posteridad o a la historia, y como no le salió dejó regados en torno a su escritorio alrededor de diez o veinte bolitas de papel arrugado”.
Su esposa señaló: “Fue un perfeccionista. Quería que su cuerpo, lo mismo que su mente, funcionara perfectamente. ..Había terminado el último volumen de sus Memorias cuatro días antes. Quería dejar la vida cuando todavía era un hombre entero. Decidió terminar su vida junto con su obra”.
plan de once años torres bodet.
Después de asumir Adolfo López Mateos la presidencia de la republica en diciembre de 1958. En el país había logrado un notable crecimiento económico que se reflejaba en un gran desarrollo industrial. Sin embargo, La explosión demográfica había adquirido proporciones sorprendentes, no obstante su considerable incremento, no permitía dar los servicios que la población requería a la velocidad que ésta se multiplicaba junto con esto, el panorama educativo era desalentador. Ante estas crecientes exigencias, los esfuerzos de gobernantes y educadores habían quedado rezagados: el analfabetismo ascendía al 38%, el número de escuelas seguía siendo insuficiente y cada año, según las estadísticas escolares, cerca de tres millones de niños en edad escolar quedaban sin escuela.
Desde el inicio de su gestión López Mateos, advirtió que la educación pública sería una de las prioridades de su gobierno. El nuevo proyecto educativo buscaba adecuarse a las necesidades del desarrollo económico del país que demandaba un número creciente de técnicos y obreros calificados.
La población había sido más rápida en ofrecer al país nuevas generaciones de niños que los establecimientos docentes en instruir a las nuevas generaciones de maestros. Además, la inquietante desproporción en la distribución del presupuesto, el sólo pago de sueldos de maestros abarcaba el 72%, constituía un obstáculo indiscutible para ampliar el sistema educativo y lograr una mejor enseñanza.
En octubre de 1959 se le entrega a Torres Bodet el un informe donde se establecía el diagnóstico cuantitativo del problema educativo de la demanda a nivel nacional. Ante la falta de datos recientes, se había tenido que partir de una base poco confiable: el censo de 1950. Nueve años habían transcurrido durante los cuales era ostensible el crecimiento de la población. Se acudió entonces a la Dirección General de Estadística de la Secretaría de Industria y Comercio para actualizar los datos.
Los resultados del estudio subrayaron aún más el panorama desolador de la educación nacional. México había dejado de ser un país predominantemente agrícola; el desarrollo industrial de los últimos años había desplazado a la agricultura como eje de la estructura económica del país provocando una creciente demanda de mano de obra calificada, de técnicos, obreros y profesionistas, que difícilmente podría satisfacerse mientras el nivel educativo medio de la población adulta apenas llegara a dos años de escolaridad. Las cifras referentes a la enseñanza primaria resultaban alarmantes. La inscripción al primer grado había ido aumentando en forma que no guardaba proporción con los grados siguientes. Además, el sistema escolar no había podido escapar a los desequilibrios del modelo de desarrollo. La población escolar total del país se encontraba hacia 1958 distribuida casi por igual entre el medio rural y el urbano, el progreso se había concentrado en las zonas urbanas mientras que en las áreas rurales el rezago era cada vez mayor; el 81% de las escuelas en estas zonas no eran de organización completa y la mayoría de ellas seguían funcionando como escuelas unitarias a cargo de un sólo maestro que atendía simultáneamente dos o tres grados.
Mientras que en el medio urbano de cada 1,000 niños que ingresaban al primer grado terminaban sus estudios 300, en escuelas rurales, sólo 22 obtenían el certificado de educación primaria. Las escuelas rurales, no obstante representaban el 77% del total de las primarias en todo el país, tenían asignados al 37% de los maestros. Esto como vemos, representaba un gran problema debido a que no se podía cubrí satisfactoriamente la cantidad de escolares.
Ante la imposibilidad de formular un plan general que abarcara todos los ciclos del sistema educativo, se decidió atacar el problema desde sus inicios. La Comisión presentó una propuesta: el Plan Nacional de Expansión y Mejoramiento de la Enseñanza Primaria cuyo propósito era garantizar, en un plazo de once años, la enseñanza elemental a todos los niños entre los 6 y los 14 años que tuvieran posibilidad efectiva de asistir a la escuela y no la recibieran por falta de aulas, de grados escolares, de maestros o por cualquiera otra razón de orden escolar. Este Plan de Once Años representó el primer intento en México por planificar la educación a largo plazo.
Por otra parte tampoco era fácil prever la reinscripción para determinados ciclos de aquellos alumnos que habían abandonado las aulas por falta de grados superiores en las escuelas. El planteamiento se volvía aún más complejo ante varios factores que obedecían a causas de índole económica cuya solución escapaba a la acción escolar.
Sin embargo, el Plan de Once Años fue aprobado el 1º de diciembre de 1959. Los trabajos se iniciaron de inmediato. "estaba dentro de las posibilidades técnicas de la SEP" y "no plantearía al país problemas financieros insolubles" aproximadamente un total de 9,000 millones de pesos en base a los costos y salarios. En 1959, punto de partida de este proyecto, encontramos que el sistema escolar, a nivel elemental atendía en planteles federales, estatales, municipales y particulares a cerca de cuatro millones y medio de alumnos.
En este caso cumplir con esta meta significaba solucionar dos grandes carencias: la falta de maestros y la escasez de aulas. Si bien esta empresa implicaba un alto costo económico, el aspecto humano representaba un reto mayor. Satisfacer la demanda escolar en los siguientes once años equivalía a crear 51,090 nuevos grupos escolares de enseñanza primaria con el mismo número de nuevas plazas para maestros. ¿Cómo poder enfrentar este problema considerando que el número de egresados de las Escuelas Rurales, urbanas y rurales, aproximadamente 3,000; no correspondían, ni siquiera de lejos, a los requerimientos del Plan? Además, desde años atrás, el crecimiento explosivo de la población había propiciado la incorporación a las filas del magisterio de un creciente número de elementos que carecían de la preparación necesaria;
Ante estas circunstancias era indispensable elevar el rendimiento de las Escuelas Normales. Ampliar el número de plazas además de reestructurar los planes y programas de estudio para adaptarlos a las nuevas circunstancias. Algunas antiguas escuelas Prácticas de Agricultura fueron transformadas en Normales rurales al mismo tiempo que se iniciaba la construcción de nuevas centros Normales Regionales. Asimismo, para solucionar el problema de los maestros activos no titulados se decidió reforzar el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio -organismo creado por Torres Bodet.
El secretario de Educación propuso otra alternativa: recuperar a más de 3,000 maestros que se encontraban comisionados en otras labores ajenas a su profesión.
Finalmente, como último recurso, y de acuerdo con las deficiencias que fueran presentándose en el camino, se propuso incorporar a la labor magisterial a jóvenes mayores de 18 años que hubieren terminado la enseñanza secundaria y estuvieran dispuestos a seguir la carrera magisterial a través del IFCM.
La expansión de la enseñanza primaria exigía también la construcción de miles de escuelas: cerca de 40,000 nuevas aulas: 27,440 para las zonas rurales que funcionarían con un solo turno y 11,825 en escuelas urbanas de dos turnos.
En el medio rural, el Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas (CAPFCE) diseñó un modelo de aula-casa rural prefabricada, adaptable a las diversas zonas de la República, con la que se podía proporcionar al maestro una habitación decorosa junto con el material didáctico necesario y algunos útiles de labranza.
La casa anexa contaba con el mobiliario y servicios indispensables con el fin de que el maestro permaneciera en la comunidad y no tuviera que trasladarse diariamente al centro urbano más cercano. Por el presidente Lázaro Cárdenas en este renglón. En relación con la primera meta, se había logrado un importante incremento en la matrícula de educación primaria, ramo al que se había destinado el 51% del presupuesto de la Secretaría de Educación: de 4.105,302 de alumnos al iniciarse la.
Administración lopezmateísta se había alcanzado, en 1964, una inscripción de 6, 530,751. Las escuelas primarias habían pasado de 30,816 a 37,576. Los frutos del Plan se reflejaban también en los niveles de analfabetismo: para 1964 había decrecido al 27.8% de la población mayor de seis años. Por otra parte, el programa de construcción de planteles escolares había logrado levantar durante este periodo cerca de 24,000 aulas. Asimismo, las oportunidades de trabajo que presentaba el Plan de Once Años habían propiciado un incremento en la solicitud de inscripción en las Escuelas Normales las cuales vieron aumentar su matrícula de tal forma que no fue necesario recurrir, como se había previsto, a nombrar como maestros a estudiantes egresados de la enseñanza secundaria.
No podía cumplir con todas sus metas. México tenía por entonces una de las tazas de natalidad más altas del mundo. De ahí que el crecimiento de la población continuara trastornando todos los cálculos hechos por la Comisión. El esfuerzo había sido enorme, pero eran muchas las carencias y los recursos disponibles resultaban insuficientes. La Federación debió aportar más del 67% del gasto educativo total ante la paulatina disminución de los presupuestos estatales.
Los resultados eran más satisfactorios en las regiones de mayor desarrollo en tanto que las zonas rurales resultaban una vez más desfavorecidas en el esfuerzo por expandir el sistema de primera enseñanza. Ciertamente, la segunda meta, lograr la permanencia de los alumnos hasta el sexto grado, era indudablemente más difícil de alcanzar. La deserción escolar seguía siendo uno de los graves problemas que enfrentaban las autoridades.
Si bien esta deserción estaba determinada por múltiples causas, las deficiencias en la planeación del sistema contribuyeron a mantener el abismo entre los planteles urbanos y rurales.
El Plan de Once Años continuó su marcha, aunque no con el mismo vigor, bajo la administración de Gustavo Díaz Ordaz. Un presupuesto menor afectó el programa. En 1970, año en que debería de concluir el proyecto, no había sido posible alcanzar las metas. Se había partido de datos que no correspondían exactamente a la realidad. La explosión demográfica había sobrepasado todos los cálculos y la meta se había hecho más lejana: el problema de la eficiencia del sistema en este nivel, continuaba y las diferencias educativas entre el medio rural y el urbano persistía: de cada diez alumnos que el sistema lograba mantener hasta sexto grado, 9 eran urbanos y sólo uno rural.
Gracias al aumento considerable en la matrícula de las escuelas primarias, la enseñanza media empezó a tener mayor demanda como servicio urbano
Desde el inicio de su gestión López Mateos, advirtió que la educación pública sería una de las prioridades de su gobierno. El nuevo proyecto educativo buscaba adecuarse a las necesidades del desarrollo económico del país que demandaba un número creciente de técnicos y obreros calificados.
La población había sido más rápida en ofrecer al país nuevas generaciones de niños que los establecimientos docentes en instruir a las nuevas generaciones de maestros. Además, la inquietante desproporción en la distribución del presupuesto, el sólo pago de sueldos de maestros abarcaba el 72%, constituía un obstáculo indiscutible para ampliar el sistema educativo y lograr una mejor enseñanza.
En octubre de 1959 se le entrega a Torres Bodet el un informe donde se establecía el diagnóstico cuantitativo del problema educativo de la demanda a nivel nacional. Ante la falta de datos recientes, se había tenido que partir de una base poco confiable: el censo de 1950. Nueve años habían transcurrido durante los cuales era ostensible el crecimiento de la población. Se acudió entonces a la Dirección General de Estadística de la Secretaría de Industria y Comercio para actualizar los datos.
Los resultados del estudio subrayaron aún más el panorama desolador de la educación nacional. México había dejado de ser un país predominantemente agrícola; el desarrollo industrial de los últimos años había desplazado a la agricultura como eje de la estructura económica del país provocando una creciente demanda de mano de obra calificada, de técnicos, obreros y profesionistas, que difícilmente podría satisfacerse mientras el nivel educativo medio de la población adulta apenas llegara a dos años de escolaridad. Las cifras referentes a la enseñanza primaria resultaban alarmantes. La inscripción al primer grado había ido aumentando en forma que no guardaba proporción con los grados siguientes. Además, el sistema escolar no había podido escapar a los desequilibrios del modelo de desarrollo. La población escolar total del país se encontraba hacia 1958 distribuida casi por igual entre el medio rural y el urbano, el progreso se había concentrado en las zonas urbanas mientras que en las áreas rurales el rezago era cada vez mayor; el 81% de las escuelas en estas zonas no eran de organización completa y la mayoría de ellas seguían funcionando como escuelas unitarias a cargo de un sólo maestro que atendía simultáneamente dos o tres grados.
Mientras que en el medio urbano de cada 1,000 niños que ingresaban al primer grado terminaban sus estudios 300, en escuelas rurales, sólo 22 obtenían el certificado de educación primaria. Las escuelas rurales, no obstante representaban el 77% del total de las primarias en todo el país, tenían asignados al 37% de los maestros. Esto como vemos, representaba un gran problema debido a que no se podía cubrí satisfactoriamente la cantidad de escolares.
Ante la imposibilidad de formular un plan general que abarcara todos los ciclos del sistema educativo, se decidió atacar el problema desde sus inicios. La Comisión presentó una propuesta: el Plan Nacional de Expansión y Mejoramiento de la Enseñanza Primaria cuyo propósito era garantizar, en un plazo de once años, la enseñanza elemental a todos los niños entre los 6 y los 14 años que tuvieran posibilidad efectiva de asistir a la escuela y no la recibieran por falta de aulas, de grados escolares, de maestros o por cualquiera otra razón de orden escolar. Este Plan de Once Años representó el primer intento en México por planificar la educación a largo plazo.
Por otra parte tampoco era fácil prever la reinscripción para determinados ciclos de aquellos alumnos que habían abandonado las aulas por falta de grados superiores en las escuelas. El planteamiento se volvía aún más complejo ante varios factores que obedecían a causas de índole económica cuya solución escapaba a la acción escolar.
Sin embargo, el Plan de Once Años fue aprobado el 1º de diciembre de 1959. Los trabajos se iniciaron de inmediato. "estaba dentro de las posibilidades técnicas de la SEP" y "no plantearía al país problemas financieros insolubles" aproximadamente un total de 9,000 millones de pesos en base a los costos y salarios. En 1959, punto de partida de este proyecto, encontramos que el sistema escolar, a nivel elemental atendía en planteles federales, estatales, municipales y particulares a cerca de cuatro millones y medio de alumnos.
En este caso cumplir con esta meta significaba solucionar dos grandes carencias: la falta de maestros y la escasez de aulas. Si bien esta empresa implicaba un alto costo económico, el aspecto humano representaba un reto mayor. Satisfacer la demanda escolar en los siguientes once años equivalía a crear 51,090 nuevos grupos escolares de enseñanza primaria con el mismo número de nuevas plazas para maestros. ¿Cómo poder enfrentar este problema considerando que el número de egresados de las Escuelas Rurales, urbanas y rurales, aproximadamente 3,000; no correspondían, ni siquiera de lejos, a los requerimientos del Plan? Además, desde años atrás, el crecimiento explosivo de la población había propiciado la incorporación a las filas del magisterio de un creciente número de elementos que carecían de la preparación necesaria;
Ante estas circunstancias era indispensable elevar el rendimiento de las Escuelas Normales. Ampliar el número de plazas además de reestructurar los planes y programas de estudio para adaptarlos a las nuevas circunstancias. Algunas antiguas escuelas Prácticas de Agricultura fueron transformadas en Normales rurales al mismo tiempo que se iniciaba la construcción de nuevas centros Normales Regionales. Asimismo, para solucionar el problema de los maestros activos no titulados se decidió reforzar el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio -organismo creado por Torres Bodet.
El secretario de Educación propuso otra alternativa: recuperar a más de 3,000 maestros que se encontraban comisionados en otras labores ajenas a su profesión.
Finalmente, como último recurso, y de acuerdo con las deficiencias que fueran presentándose en el camino, se propuso incorporar a la labor magisterial a jóvenes mayores de 18 años que hubieren terminado la enseñanza secundaria y estuvieran dispuestos a seguir la carrera magisterial a través del IFCM.
La expansión de la enseñanza primaria exigía también la construcción de miles de escuelas: cerca de 40,000 nuevas aulas: 27,440 para las zonas rurales que funcionarían con un solo turno y 11,825 en escuelas urbanas de dos turnos.
En el medio rural, el Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas (CAPFCE) diseñó un modelo de aula-casa rural prefabricada, adaptable a las diversas zonas de la República, con la que se podía proporcionar al maestro una habitación decorosa junto con el material didáctico necesario y algunos útiles de labranza.
La casa anexa contaba con el mobiliario y servicios indispensables con el fin de que el maestro permaneciera en la comunidad y no tuviera que trasladarse diariamente al centro urbano más cercano. Por el presidente Lázaro Cárdenas en este renglón. En relación con la primera meta, se había logrado un importante incremento en la matrícula de educación primaria, ramo al que se había destinado el 51% del presupuesto de la Secretaría de Educación: de 4.105,302 de alumnos al iniciarse la.
Administración lopezmateísta se había alcanzado, en 1964, una inscripción de 6, 530,751. Las escuelas primarias habían pasado de 30,816 a 37,576. Los frutos del Plan se reflejaban también en los niveles de analfabetismo: para 1964 había decrecido al 27.8% de la población mayor de seis años. Por otra parte, el programa de construcción de planteles escolares había logrado levantar durante este periodo cerca de 24,000 aulas. Asimismo, las oportunidades de trabajo que presentaba el Plan de Once Años habían propiciado un incremento en la solicitud de inscripción en las Escuelas Normales las cuales vieron aumentar su matrícula de tal forma que no fue necesario recurrir, como se había previsto, a nombrar como maestros a estudiantes egresados de la enseñanza secundaria.
No podía cumplir con todas sus metas. México tenía por entonces una de las tazas de natalidad más altas del mundo. De ahí que el crecimiento de la población continuara trastornando todos los cálculos hechos por la Comisión. El esfuerzo había sido enorme, pero eran muchas las carencias y los recursos disponibles resultaban insuficientes. La Federación debió aportar más del 67% del gasto educativo total ante la paulatina disminución de los presupuestos estatales.
Los resultados eran más satisfactorios en las regiones de mayor desarrollo en tanto que las zonas rurales resultaban una vez más desfavorecidas en el esfuerzo por expandir el sistema de primera enseñanza. Ciertamente, la segunda meta, lograr la permanencia de los alumnos hasta el sexto grado, era indudablemente más difícil de alcanzar. La deserción escolar seguía siendo uno de los graves problemas que enfrentaban las autoridades.
Si bien esta deserción estaba determinada por múltiples causas, las deficiencias en la planeación del sistema contribuyeron a mantener el abismo entre los planteles urbanos y rurales.
El Plan de Once Años continuó su marcha, aunque no con el mismo vigor, bajo la administración de Gustavo Díaz Ordaz. Un presupuesto menor afectó el programa. En 1970, año en que debería de concluir el proyecto, no había sido posible alcanzar las metas. Se había partido de datos que no correspondían exactamente a la realidad. La explosión demográfica había sobrepasado todos los cálculos y la meta se había hecho más lejana: el problema de la eficiencia del sistema en este nivel, continuaba y las diferencias educativas entre el medio rural y el urbano persistía: de cada diez alumnos que el sistema lograba mantener hasta sexto grado, 9 eran urbanos y sólo uno rural.
Gracias al aumento considerable en la matrícula de las escuelas primarias, la enseñanza media empezó a tener mayor demanda como servicio urbano
domingo, 25 de noviembre de 2012
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